Modelo Vita Summa

“Tratad a los demás
como queréis que ellos os traten

 (Lucas 6, 31)

Vita Summa es nuestro modelo propio para acompañar, formar y cuidar a las personas mayores. Va más allá de un modelo de gestión sociosanitaria: es una manera de mirar, comprender y atender la vida desde la singularidad de cada persona, desde lo que es, lo que necesita y lo que anhela.

Sabemos que cada persona que cuidamos es única

Por eso nos acercamos con respeto y cercanía, escuchando sus necesidades, reconociendo sus capacidades preservadas y cuidando su bienestar integral —físico, emocional, social y espiritual—, para que pueda envejecer en paz, con alegría y en armonía consigo misma, con los demás y con su entorno.

Creemos que el cuidado se vive en comunidad

Por eso trabajamos junto a las congregaciones y entidades con las que colaboramos para crear entornos de acogida y pertenencia, donde la escucha, la participación y la vida compartida favorezcan relaciones significativas y un cuidado vivido en común.

Nuestro objetivo es tan sencillo como profundo: convertir el cuidado en una experiencia verdaderamente humana que sostenga, en una presencia cercana que acompañe y en un hogar donde cada persona pueda sentirse acogida y comprendida.

El modelo en clave de plenitud

La persona cuidada es única e irrepetible, con dignidad propia, vulnerable, un ser que sufre y que merece un cuidado respetuoso que le transmita que es tomada en cuenta, que se le valora y que se busca su máximo bienestar. Así mismo, la persona es una entidad compleja y multidimensional. Es por ello que hemos adoptado y desarrollado un modelo de atención integral que sitúa a la persona en el centro de toda acción de cuidado.

Atención integral

La atención integral supone responder al conjunto de las necesidades biológicas, psicológicas, sociales y espirituales de cada persona, atendida tanto en su singularidad como en su dimensión comunitaria.

Este enfoque requiere una mirada transversal, interdisciplinar y flexible, tanto en la planificación, el diseño y la organización de los servicios, de modo que sean los servicios los que se adapten a la persona, y no la persona a los servicios.

Atención centrada en la persona

La atención centrada en la persona busca favorecer el ejercicio efectivo de sus derechos y de su autonomía en la toma de decisiones, para que pueda seguir viviendo y siendo cuidada conforme a sus intereses, valores y preferencias. Promueve la realización de actividades significativas y el acceso a una vida digna y con sentido.

Este modelo requiere la participación activa de la persona a lo largo de todo su proceso de atención y se concreta en unos apoyos y cuidados ofrecidos por profesionales desde el conocimiento profundo y el reconocimiento de cada persona singular, apoyándose en sus capacidades, potencialidades y fortalezas.

El modelo en clave de relación

El Modelo Vita Summa parte de una realidad innegable: las personas no somos islas. Necesitamos vivir en relación, amar y ser amados, cuidar y ser cuidados. El cuidado se construye siempre en el encuentro y en la ayuda mutua, y por ello ha de contemplar de manera plena a la persona cuidada, a quien cuida, a la comunidad en la que se vive y a la entidad a la que se pertenece.

Atención centrada en la comunidad

Los cuidados se desarrollan en un entorno de vida compartida: una casa, comunidad o residencia donde conviven otras hermanas y hermanos, sacerdotes o personas laicas. Ello implica conocer, comprender y respetar el modo de vida propio de cada realidad —comunidades religiosas, casas sacerdotales o residencias— para, desde ahí, favorecer un clima de cercanía, escucha, diálogo y colaboración.

Promovemos un ambiente cercano y familiar, seguro, confortable y accesible, que facilite relaciones de confianza, apoyo mutuo y vida comunitaria significativa.

Atención centrada en la entidad titular

El Modelo Vita Summa reconoce y respeta el papel fundamental de la entidad titular —congregación, instituto o diócesis— en la organización del cuidado. Por ello, los apoyos y servicios se configuran en coherencia con su carisma, su modo de vida y su contexto específico, garantizando una atención alineada con su identidad y su misión.

Todo modelo de actuación requiere un marco ético y claro que de sentido y coherencia a sus prácticas. Las siguientes bases éticas establecen los valores que guían nuestras decisiones y definen la manera en que nos relacionamos y actuamos.